Volví al papel y al dulce placer del olor, el tacto y el peso del libro de toda la vida, y al que me mantengo fiel como amante locamente enamorado. No obstante, este verano, me hice con un lector electrónico, éste de
aquí, anunciado como novedad por sus promotores, y de aquí, de la tierra. Por qué escogí éste, es algo fácil de explicar: soy lo suficientemente cándido y estúpido, como para caer siempre en el aquello de hacer patria y de que mis dineros se queden en casa y en empresas del terruño para que esto tire para adelante… Cándido ya digo; a veces, bastante estúpido. El aparato, resultó ser un auténtico paquete, pero de eso ya hablaré luego.
La semana pasada se presentó éste otro lector de
aquí, en Europa y a lo grande, ya te digo, producto detrás del cual anda el soporte financiero y estratégico de esta empresa de
aquí, total nada. En realidad este fue el primer aparato con el que quise hacerme, pero los más de cuatrocientos euracos de por aquél entonces, me echaron para atrás. Es más, únicamente puedes utilizarlo con libros comprados a través de la empresa creadora del invento, todo un
handicap. No importa, seguro que ya hay chicos trabajando en métodos pocos usuales de hacerse con los libros y utilizarlos en el aparatito, sin pasar por caja; por la caja de los padres del invento, digo.
Ahora mismo, aquí, en España, ya existen un buen montón de aparatitos de estos para hacerse con uno de ellos. Los hay de todas las marcas, colores y amplitudes de pantalla. La media, salvo excepciones que me niego completamente a detallar aquí, sobretodo porque no me apetece (hace un par de jueves, este periódico de
aquí, le dedicó un especial), es de unos trescientos
leuros, más o menos; mucho más que, menos. Ustedes verán. Por cantidades como éstas, en mi opinión, considero mucho mejor comprarse un ordenador tipo notebook de estos pequeñillos que ahora están de moda, se lo piden para que se lo traigan los Reyes Majos, por ejemplo, y se instalan este programita de
aquí de la empresa de siempre, y a disfrutar en colorines. Por lo menos, hasta que bajen los precios de los aparatitos.
A lo largo de estos años, me he hecho, aproximadamente, con unos cinco o seis mil libros de todo tipo y categoría, revistas, diccionarios, enciclopedias y demás. El éter, está plagado de este tipo de páginas, como esta de
aquí, esta de
aquí o esta de
aquí, amen del proyecto éste de
aquí, y lo que está por venir. O sea, que ustedes, si se aburren, es porque quieren. Comentarles que, por lo que a mí concierne, aplico con este invento, el mismo tratamiento que con todo lo que entra en mi casa, ya sea música, cine o literatura: si me gusta y es de mi querencia, lo compro; es así, que ya no entro en casa. Es así, que el libro del sueco
éste, no entrará en mi casa, y que al libro de este señor de
aquí, ya le estoy haciendo un hueco en mi librería. Para ser el primer libro que escribió, tela. Me lo he leído recientemente en la maquinita y pienso comprarlo, además, en solido, y para regalárselo a mi chica. Toda una ruina esto de ser una mala persona, un pedazo de
piratón, pues con esto que me he inventado, de leer el libro y luego ver la película, me está saliendo la cosa cara.
Encontré en
Internet una
vieja película de este señor de
aquí, que vi en un
Imagfic de aquellos y que me gustó mucho. Tenía, además, el libro. Un libro que
cayó, en la última mudanza. Me bajé la película, la vi de nuevo y estrené la maquinita de leer, con la versión de este señor de
aquí, en
ebook. Volví a disfrutar de nuevo y estoy brujuleando para hacerme de nuevo con el libro, en su primera edición, aquella que ya tuve. Seguí dando uso al aparato con el libro de esta señora de
aquí, y quedé encantado, ya lo creo. A continuación, lo intenté con este libro de
aquí, que lo ponen por las nubes y eso, pero no pude; ni veinticinco páginas, tú… Luego di cuenta con el del
sueco, y sin apenas coger aire, entré a matar con el de este señor de
aquí, magnífico libro. Ahora, estoy con las de papel otra vez, para dar salida a alguna de las columnas que tengo esparcidas por toda la casa y que no consigo llevar a menos por más que me lo proponga.
Lo intenté por segunda vez con este libro de
aquí, de este señor de
aquí, que es de mi querencia. No lo conseguí, este libro, en particular, me resulta aburridísimo. Lo he dejado en la página ciento setenta y seis; a ver si más adelante… Ayer me terminé éste de
aquí, de este señor de
aquí, que trabajaba para este otro de
aquí, un figura. Me lo he pasado
teta. Para mañana, de camino a la oficina y con la ayuda de la maquinita, daré cuenta de uno nuevo. Estoy en la duda de cuál de ellos, pues tengo tres: este de
aquí, de este señor de
aquí, señor del que leo una cosa suya por primera vez; o estos dos de
aquí y de
aquí, de este señor de
aquí, del que ya tengo antecedentes. Estoy en ello.
Las especificaciones técnicas y demás de la maquinita que me compré yo, vienen en la paginita que ya les he indicado por ahí arriba. Señalar que la maquina la tuve que cambiar pues al cabo de un mes, petó. En ciertas condiciones de luz, como la del interior de un autobús interurbano a las seis de la mañana, es casi imposible leer sin pillar algo en los ojos. Las teclas del cursor, a veces, son para perder el control del sistema nervioso y partir el aparato por la mitad. Recomiendo no utilizar el aparato con la tarjeta de memoria puesta y llena de unos cuantos cientos de libros, el bicho no puede con todo ello, me temo, y en mi opinión, ha sido una de las causas que causaron que el enano que lleva dentro el aparato, acabara extenuado. No tengo pruebas de ello, no se si es técnicamente viable, pero no se crean ustedes que ando mal encaminado. Mi consejo: brujuleen por Internet, miren, comparen exhaustivamente, y compren aquello que más les convenga y con las mejores garantías, en cuanto a devoluciones por defectos y deficiencias técnicas, por parte del vendedor, una de las cosas que yo he tenido en cuenta a la hora de comprarme la máquina que yo me he comprado.
Buenas lecturas.
Aaaaaadiós.